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La calle fría y el viento en la cara. Marita aprieta el chal contra su pecho. La Estación azul, abierta, casi en el aire. Una sirena enloquecida por la calle. Marita se cubre, sola, desesperada. Pero la sirena la clava en la tierra. Se queda mirando desde la esquina. La gente corre. El Comisario Hernández se baja del auto como un loco.
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