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- Dicen que lo dejó desnudo.
- Eso dicen.
La tarde hace un silencio para dejar pasar al
tero con sus gritos. La mano de Juana busca el hilo que se le escapó de la
aguja. No sabe si teje una manta para ella o para su nieta. Verá cómo le queda.
La otra mujer, su vecina, se hamaca en la silla y sigue el recorrido del tero
que vuelve a pasar y desaparece atrás del molino de los Peñalba.
- Desnudo.
- Eso dicen.
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